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viernes, 22 de diciembre de 2017

LA MASCOTA

Posiblemente abre esta cantina a fines de los veinte en la esquina nor-oriente de Mesones y Bolívar, en la cdmx. En la película Amor en cuatro tiempos (Luis Spota, 1954), el globero interpretando por Andrés Soler ofrece la siguiente estadística de la ciudad de México: 3 millones de habitantes, 14 museos, 150 cabarets, 6,000 taquerías, 5,000 policías, 2,000 carteros y un millón de "oficios raros". En el primer tiempo, protagonizado por el carbonizado Resortes, aparece como salón La Mascota. La cantina obviamente ha sido remodelada. Hoy la parte central lo ocupa la cerrajería Ordaz y del lado de Bolívar una tortería. El acceso de la derecha fue cerrado.

sábado, 14 de junio de 2014

CON LOS VILLOLOGOS

El licenciado Francisco Villa, nieto del Centauro del Norte, y el etno-historiador Armando Ruiz convocaron a nombre de su Colectivo Los Villologos, a un recorrido por los lugares por donde anduvieron Villa y Emiliano Zapata en 1914, en el centro de la ciudad de México. 

Aunque Armando citó a las 10 y media de la mañana en el costado poniente de la catedral, hasta las 11 se reunieron las doce personas interesadas por la ruta, a quienes entregó una etiqueta con el emblema de su colectivo. El primer lugar visitado fue donde se hospedó Zapata, frente a la desaparecida estación de ferrocarril de San Lázaro y a una cuadra de la Iglesia de la Soledad, por donde actualmente se congregan autobuses que van a Chiapas, Oaxaca, Guadalajara y anexas. Una placa de mármol menciona que ahí estuvo Zapata.
Visitamos, brevemente, la iglesia de La Soledad, donde los viernes hay misas para las prostitutas, ya visibles en la avenida Circunvalación. Ya no regresamos por la calle Emiliano Zapata. En la reducida cantina La Potosina, en cuya esquina hay que subir tres peldaños y pasar junto a una Santa Muerte de tamaño natural, hubo un primer hidratamiento a base de "lagartijas" (55 pesos), "conejos", cervezas (a 30) y cocas. Villa, fiel a la tradición de su abuelo, no tomó bebidas embriagantes. El polémico Fernando del Moral González tomó la palabra para hablar sobre la mítica fotografía de la entrada de Villa en Ojinaga y sobre sus proyectos fílmicos.

Entramos a un vigilado Palacio Nacional donde en diciembre de 1914 comieron Villa, Zapata y sus huestes. 

Después de la comilona los foto-reporteros captaron la célebre fotografía en donde se encuentra Villa en la silla presidencial. Uno de los asistentes, como recordó en la cantina La Potosina, mencionó que esa silla, aunque tapada, estuvo en la mesa del comedor familiar y escuchó decir a su mamá que había sido un regalo de Villa a Zapata, ya que a esa casa llegaban  mercancías zapatistas por el desaparecido canal de Roldán y por el tren. Armando me comentó que entrevistó para un video al güero que aparece en esa imagen, que resultó ser un corneta queretano que abandonó el carracismo por el villismo. 

Como no se pudo entrar al salón donde se tomó esa histórica fotografía admiramos el mural donde Diego Rivera pintó dos veces a Emiliano Zapata y una sola vez a Villa. Sobre la calle peatonal de Madero se llegó al edificio que ocupa la tienda Zara, donde Armando explicó que Villa cambió la denominación de ese tramo de Plateros por su actual nombre, aunque yo acoté que el cambio no fue inmediato sino que hasta 1917. 
Después de permanecer unos minutos en el antiguo Hotel Iturbide, hoy Palacio de Cultura Banamex, donde Villa y Luz Corral pasaron su luna de miel, nos encaminamos al bar Buenos Aires para comer (botana en tres tiempos o a la carta. Cocas a 45 pesos). El grupo Ideal, de Justino Alva, interpretó canciones al gusto de Francisco Villa, mientras en las pantallas Italia doblegaba a Inglaterra.
En la Procuraduría Agraria vimos, tras las rejas y a unos cuantos metros, un busto de Zapata y para rematar el recorrido entramos al Restaurante-Bar La Ópera (sangrías a 60), donde se presume un balazo que dio Villa en 1914. Lamentablemente no lo dió el Centauro del Norte sino décadas después el abogánster Bernabé Jurado, alias El abogado del Diablo
Aunque no es seguro parece que nos sentados en el mítico gabinete donde alguna vez estuvieron Carlos Monsiváis, el dibujante José Luis Cuevas (¡un saludo José Luis!), Fernando Benítez y Carlos Fuentes, si estuvimos debajo de la mítica horadación.
Más que Villa y Zapata la charla del aperitivo final incidió en los inicios del rock en México, en la pasión de Armando Ríos por The Rolling Stones y en la discriminación que sufren los viajeros mexicanos en Alemania y en España. El recorrido casi terminó a las ocho de la noche.Inesperadamente Armando, su esposa y Lupita fueron abducidos por un taxi que enfiló a la Narvarte. Era necesario refrescarse del bochorno operístico con el viento de la Alameda.

sábado, 8 de marzo de 2014

LA RAMBLA

Ramón López Velarde en 1921 (impreso de 1936) y La Rambla, acrílico / papel
En la avenida Bucareli número 79, esquina con avenida Chapultepec, casi frente a los departamentos porfirianos La Mascota y a unas dos cuadras de la Secretaría de Gobernación, se encuentra totalmente desmantelado y ruinoso el edificio donde estuvo la cantina La Rambla, donde es fama que el poeta jerezano Ramón López Velarde escribió el poema "La Suave Patria" en abril de 1921. Dos meses después salió de este bar para encontrar la muerte, en misteriosas circunstancias. 

viernes, 1 de julio de 2011

MAPAS DEL BARRIO UNIVERSITARIO

* Carlos Martínez Assad y Alicia Ziccardi (coordinadores), 1910: La universidad nacional y el barrio universitario, México : UNAM, 2010, 168 páginas numeradas, 29 x 31 centímetros, fotografías en blanco y negro más 3 mapas a color.
 
Este libro incluye un mapa de 1910 y dos contemporáneos. En la página 53 se reproduce un hermoso plano capitalino elaborado por el Sistema Automático de Encontrar Calles, en su edición-A, año 1910. Ahora esta obra se encuentra en la Planoteca del Archivo Histórico del Distrito Federal.
Armando Soto Martínez y Mario González Esquivel, con diseño de Ricardo González Bugarín, son los responsables de los dos mapas contemporáneos. El primero aparece en la página 57 y el segundo en la 101. El primero ubica 12 billares, 25 cafés, 22 cantinas (entre las que aún sobreviven las centenarias La Montañesa, La Puerta del Sol pero no señalan El Nivel, aunque sí El verdadero Nivel), 21 casas de huéspedes (la mayoría sin nombre), 7 casinos y clubes (aún existe el Casino Español en Isabel La Católica), 7 cines (el fundacional Salón Rojo), 10 fondas, 4 hospitales, 56 hoteles (la mayoría aún en pie, como el Gillow), 28 iglesias, 4 mercados, 6 pulquerías (Waterloo, La Edad de Oro), 7 reposterías (una con venta de cerveza), 19 restaurantes (los de lujo Gambrinus, Prendes, Sylvain y los populares El Generalito y Los Monotes, éste a un lado del Teatro Lírico) y 6 teatros (Principal, Colón pero no está el Arbeu, aunque el libro incluye una foto suya en la página 61).
El segundo plano detalla los 6 cuarteles, los 6 edificios de la actual UNAM, 15 librerías (entre otras Bouret, Biblos, Botas) y siete bibliotecas (Biblioteca Nacional y Biblioteca Hispanoamericana Carlos Prieto). Lamentablemente tanto en este mapa como en el anterior no incluyen direcciones.
Al revisar el plano de la página 57 encontré en las calles unas faltotas de ortografía -dignas de los “doctores” universitarios-. La Acequia pasa a ser “Aceqiua”, la avenida 16 de Septiembre a “Dies [sic] y seis de Septiembre” y la calle de López” a “Lópes”.
Al buscar el Casino Español me di cuenta que no estaba en el mapa. Posteriormente busqué los locales del Espíritu Santo y me percate que también estaba una cuadra más al oriente Isabel La Católica. La responsable de vigilar este mapa (¿Alicia Ziccardi?) ignoró soberanamente que Espíritu Santo e Isabel La Católica son la misma calle. Tampoco se dio cuenta que los diseñadores desaparecieron la calle de Motolonía (donde pusieron Isabel La Católica), creando un caos en esas tres arterias. Este mapa, que hubiera podido ser indispensable si se le hubieran puesto las direcciones a los establecimientos y sin sus errores, francamente sirve para la basura.

jueves, 10 de marzo de 2011

SALÓN COLISEO


Julián y Yermo
Esta tarde Yermo, el popular comediante de la Alameda, me llevó al Salón Coliseo, a una cuadra de la Arena Coliseo, ubicado en la populosa calle de Perú, para ver una pintura de más o menos 4 metros de largo por 1.5 de ancho. Del cuadro me encanta ese desproporcionado coliseo, muy próximo a las pesadillescas arquitecturas de Piranesi y a las gigantestas construcciones de Albert Speer, el arquitecto de Hitler. Sospecho que el anónimo pintor se basó en la tira o historieta Tarzán para pintar esos gladiadores. Julián, el encargado del lugar, nos explica que más o menos la pintura (seguramente un óleo) tiene más de sesenta años en ese salón. Yermo me había contado antes que unos japoneses estaban interesados en adquirir la tela.