miércoles, 31 de diciembre de 2008

DUCHAMP EN MEXICO

El franco-norteamericano Marcel Duchamp (1887-1968), como asesor de la Fundación de Noma y William Copley, vino a México en abril de 1957. El 6 de ese mes visita el balneario de Ixtapan de la Sal, en el Estado de México, acompañado por el muralista y pintor Rufino Tamayo y su esposa Olga. En la ciudad de México acude al estudio del pintor Arturo Estrada (discípulo de Frida Kahlo), quien había recibo una beca de mil dólares de ese organismo con sede en Chicago. El Frido le comentó a Evodio Escalante que Duchamp lo visitó en calle Jesús Terán (que va de la avenida Reforma a Puente de Alvarado, en la populosa colonia Tabacalera), para comprarle un bodegón, seguramente para la fundación. Le pagó mil pesos por la pintura y no volvió a verlo.
En el número 63 de la revista Generación, el duchampiano Alberto Chong Gutiérrez (con los apellidos cambiados le firman la nota) acota que entre febrero y marzo de 1965 Duchamp permanece en nuestro país tres semanas en compañía de su esposa Teeny. Se hospedan en la casa que el escultor Alberto (Ramírez) Capmany y que su esposa, la pintora Mimí Fogt (admirada por Maurice Chelavier y quien retrató a Duchamp en 1955), alquilaban en la calle Antonio Sola, en la colonia Condesa. Llama su atención el óleo “Amantes de Mazatlán” pintado por la rubia anfitriona. Realizan un viaje arqueológico por Palenque (Chiapas), La Venta (Tabasco) y las ciudades Taxco (Guerrero), Oaxaca y el estado de Yucatán, ambas entidades con sitios arqueológicos. Durante este viaje le toman dos fotografías (uno de éstas, arriba). Dos años después al preguntársele sobre la influencia del arte mexicano, respondió lacónico: “Ninguna producción mexicana, sólo ruinas”.

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