domingo, 9 de septiembre de 2012

EFRAÍN CALDERÓN LARA "CHARRAS"

Una placa colocada en una casa situada en la avenida principal de Hopelchén indica que ahí nació el luchador social el 13 de noviembre de 1947.

Apodado "Charras" por el gran número de cicatrices y marcas corporales en el cuerpo y cara, Efraín Calderón estudió Leyes en la Universidad de Mérida. Muy pronto se interesó en asesorar a los trabajadores. Era el más activo del Frente Popular Independiente Jacinto Canek, que formaba sindicatos independientes. Los dueños de empresas y constructoras vieron con alarma la proliferación sindical que pedían legalmente sus derechos conforme a la ley. El gobernador Carlos Loret de Mola, abuelo del conductor de Televisa, intentó comprar al "Charras" ofreciédole la Dirección General de Trabajo, el cual desde luego no aceptó.
El ex patrullero Carlos Francisco Pérez Valdez, por instrucciones de Loret de Mola, secuestró y asesinó a Efraín a las once de la noche del miércoles 13 de febrero de 1974 en una carretera del vecino estado de Quintana Roo. El cuerpo de "Charras" aparecería días después. Practicaron las necropsia de rigor cuatro doctores, dos de ellos aparecen en una fotografía, realizando la autopsia en el suelo. Según ellos la muerte de Efraín fue por "proyectil de arma de fuego y el shock traumático inmediato". 
"Autopsia en el cementerio de Carrillo Puerto, Quintana Roo", acuarela / papel
En 1977, para salvar su vida, el asesino informó al periódico Ovaciones, de la ciudad de México, cómo le ordenaron realizar el crimen y después cómo intentaron eliminarlo, para finalmente encarcelarlo. El último día de julio de ese año se fugó del penal. El periodista yucateco Franklin Alonzo, amigo del "Charras", editó el libro La otra cara de Loret de Mola: el asesino intelectual del líder obrero Efraín Calderón Lara; Confesiones de un asesino (México: Ediciones Navarro, ca. 1978, XVI + 112 páginas, más 32 de fotografías), que incluye el testimonio que Carlos Francisco Pérez Valdez dio al periódico deportivo. 
Alonzo observa que la versión periodista del criminal

omite algunos detalles macabros del crimen: por ejemplo, nada dice de las brutales tormentas físicas a que sometieron al líder yucateco [en realidad era campechano, de Hopelchén] antes de darle el tiro de gracia; tampoco mencionó las quemaduras de cigarro hechas sobre las partes más sensibles de la piel; ni las horadaciones profundas que mostraba su cuerpo, como si hubieran sido efectuadas con un picahielo; menos aún confiesa que lo castraron salvajemente.

En su novela Charras (1990), libro sobre su primo y paisano, Hernán Lara Zavala indica que Loret de Mola falleció en 1986 en un oscuro accidente carretero y que el asesino confeso vivía al oeste de Los Ángeles.