lunes, 11 de julio de 2011

LO QUE EL CINE NOS DEJÓ (2)

Son escasas las menciones de escultores y arquitectos en La ciudad de México que nos dejó el cine. El autor cita al arquitecto Ricardo que reprueba en “San Carlos” en la cinta Dos mundos y un amor (Alfredo B. Crevenna, 1954). Pero esta referencia no se entiende si no se explica que en la otrora Academia de San Carlos y para ese entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), en la calle de Academia número 22, egresaban pintores, escultores y arquitectos, que no tardarían en trasladarse a su Facultad en Ciudad Universitaria.

Es de lamentar que no haya tomado más en cuenta a esta escuela, ya que tanto su patio neoclásico como las aulas aparecen en más película. Simplemente el inicio de La diosa arrodillada (Roberto Gavaldón, 1947), trascurre brevemente en una aula cuando la hermosa y ambiciosa Raquel (María Félix) supuestamente posa desnuda para el escultor Demetrio. Martínez Assad, basándose en investigaciones de Julia Tuñón, recuerda que la escultura (me imagino que de yeso y mandada a hacer por el arquietcto y escenógrafo catalán Manuel Fontanals), fue colocada en el lobby del cine Chapultepec donde se estrenó, lo cual indignó a gente derechista que secuestró la pieza por lujuriosa y después apareció destrozada en la carretera a Toluca.

El sociólogo también refiere que el Museo de Arte Moderno, diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez e inaugurado en 1964, aparece en Tajimara, episodio de Juan José Gurrola para Los bien amados (1965) y en El día comenzó ayer (Ícaro Cisneros, 1965). Una escultura internacional, la del uruguayo Gonzalo Fonseca, se alcanza a ver en la película Cadena perpetua (1978) cuando hay emplazamientos de la Ruta de la Amistad, promovida por Ramírez Vázquez para celebrar los Juegos Olímpicos de México, de 1968.


No hay comentarios: