sábado, 5 de diciembre de 2009

LOS DESNUDOS DEL DR. ATL

El Dr. Atl fue un consentido del presidente Álvaro Obregón y de José Vasconcelos. Cuarentón, el legendario pintor, anticlerical, espía y mediador político al servicio de Venustiano Carranza, contradictorio, anarquista y muy dado a la teoría y a la fantasía, había expuesto en enero pinturas y dibujos en la exposición pomposamente titulada La pintura sígnica y publicado Las sinfonías del Popocatepetl (México Moderno, 1921). Vivía como ermitaño en la parte superior del ex convento de La Merced.

Hacia mediados del año comenzó a tener un tórrido romance con la insaciable y celosa Carmen Mondragón, a quien bautiza como Nahui Olin, a pesar de seguir casada con el pintor Manuel Rodríguez Lozano. En septiembre apareció su monografía en dos tomos de Las artes populares en México (Cvltvra, 1921), catálogo de la Exposición Nacional de Arte Popular exhibida en un edificio del número 85 de la avenida Juárez.

En 1922 estuvo al pendiente de la segunda edición, corregida, de Las artes populares en México. A fines de 1922 o a principios del año siguiente comenzaría a decorar los paneles, del segundo piso, del colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, remodelado por Vasconcelos y donde Montenegro había diseñado un vitral y pintado el mural La danza de las horas o El árbol de la vida. El Dr. Atl, preso de la fiebre de Nahui Olin, volvió a los desnudos pero muy diferentes a los realizados en su etapa impresionista.

En 1923 un redactor de El Universal comentó las pinturas:

El primer panel se titula La bella ira del mar. Entre esta delicada combinaci
ón de colores y líneas y el panel siguiente, surge la figura triangular de una mujer […] El siguiente, es una vista marina notable por su color, Noche sobre el mar…después otra marina…un estudio en azules valientemente logrado, llamado La ensenada. En medio, hay simbólicas figuras masculinas en rojo veneciano […] Después, este mago de los pigmentos tiene una pintura en un estilo raro y enigmático, titulada Olas rompientes. Cerca de ésta […] Oleadas del mar y en el panel siguiente otro símbolo, La lluvia en una gama de ocres […] Pasando rápidamente por el panel llamado Mozumba, llegamos al cuadro más notable, Impacto de dos olas, en contraste vigoroso con Noche, una noche sin amanecer.

La descripción del reportero en nada coinciden con las fotografías que sobreviven de sus pinturas. Se encuentran los titulados El hombre que salió del mar,
El Titán, El Sol, El Viento, La Luna,


La Lluvia,

entre otros.

Hay una coincidencia en los murales de Montenegro, Rivera y el Dr. Atl realizados entre 1921 y 1922: el desnudo. La figura central de Montenegro fue un andrógino atado a un enorme árbol. En los costados de La creación, Rivera colocó dos desnudos, uno femenino y otro masculino. El Dr. Atl realizó no uno o dos, sino varios desnudos femeninos y masculinos rodeados de paisajes. Además, dejando ver sus pubis.
Mientras que Vasconcelos respetó los desnudos de Rivera, no sucedió lo mismo con el de Montenegro y los del Dr. Atl. No se sabe la fecha exacta en que ordenó la alteración de esos murales. El
lánguido andrógino semidesnudo de Montenegro fue transformado en un vigoroso caballero medieval armado. Una hermosa mañana encontró “todos mis desnudos ornados de preciosos taparrabos pintados por un artista oficial”. Le dijo a su biógrafo Antonio Luna Arroyo:

Mi obra decorativa estaba inspirada en una filosofía pagana, no tenía relación con la propaganda revolucionaria patrocinada por el Gobierno. Eran paisajes llenos de luz, noches estrelladas, mujeres y hombres desnudos con todo lo que Dios les dio.



Después de que sus murales fueron definitivamente borrados, el Dr. Atl difundió y escribió que “Pepito” Vasconcelos fue un organizador de putos y que en alguna ocasión los descubrió en plenas faenas sexuales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No conocía los desnudos del Dr. Atl, acaso sus volcanes.

La investigación documental en este y otros casos nos habla de un gran conocimiento del autor y una pasión legítima por el arte y la cultura, gracias por tu blog.

Ángel González